viernes, 5 de junio de 2009

El asalto

Una noche, en algún lugar de un gran país, nos asaltaron. Y digo nos porque mi amigo Alx y yo fuimos las víctimas de aquel oscuro y penoso episodio que poco a poco ha ido convirtiéndose en anécdota. De esas que cuentas a tus amigos, a modo de catarsis, para que te compadezcan y te aconsejen y se rían. En ese orden. Sin embargo, a diferencia de otros hechos que han nacido de una alucinación, este sí sucedió.
La noche había iniciado divertida. Or, Alx y yo habíamos escuchado unas cervezas y bebido unos boleros en un bar de mala muerte, pero de buena compañía. Luego del último salud salimos y caminamos por uno de esos jirones que ofrecen alegrías baratas a gente infeliz. Cruzamos una enorme plaza y llegamos a una discoteca en donde esperaba Car rodeado de cinco niñas. Entramos, nos acercamos, saludamos y bebimos juntos. Reímos, saltamos, bailamos y bebimos y bebimos. El alcohol es el regalo de una diosa bacante.
Al salir exhaustos y medio ebrios, Alx y yo tomamos un taxi. Ninguno se fijó en el rostro del chofer. Ninguno se percató siquiera si tenía el letrero de taxi. Estábamos en el estado en que uno confía por necesidad. Subimos al asiento posterior y nos condujo por el camino indicado. Siguió conduciendo hasta que, de manera sorpresiva, dobló por una fosca y angosta calle. Detuvo el coche en seco. Levantó los pestillos eléctricos. Las puertas se abrieron desde fuera. Y más de una docena de brazos nos bajaron como costales de basura.
El momento fue violento. El cómplice y ruin taxista se fue y nos dejó con más de seis buitres miserables. Las imágenes que evoco son difusas, pero recuerdo haber visto a tres de ellos bolsiqueando a Alx, que yacía tirado en medio de dos aceras fantasmales a las cuatro de la madrugada. Los demás sobre mí: uno me mantenía de pie con su brazo enrollado en mi cuello, ahogándome, otro me golpeaba y un tercero sacaba hasta la pelusa del fondo de mis bolsillos. No podíamos hacer nada. O no debíamos.
"Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza)”, dice Vallejo. Y es que nos dejaron así, tristes, abatidos. La rapiña engulló nuestras pocas pertenencias y las sobras de la noche, pero eran nuestras sobras y nuestras pocas pertenencias. Cuando te roban un objeto se llevan también algo de ti. Y a nosotros ese algo nos dejó un vacío informe y nos sumió en un pobre domingo de invierno. Por qué, nos preguntábamos.
Las preguntas sobre la vida o la muerte no tienen respuesta. Como las del amor o la justicia. Nadie nos enseña a vivir o a morir. Y a veces, como aquella noche, solo somos como esos solitarios acróbatas y equilibristas del circo de Picasso, pero de una cuerda que divide el bien del mal. Y nos resignamos a eso que llaman destino. Pero c'est la vie. La que a pesar de sus golpes y caídas, agradeces. Porque quién dijo que todo está perdido si solamente morimos los domingos. Gracias, dijimos. Las sombras no se habían llevado todo. No por compasión ni caridad, sino porque las ratas muerden pero no piensan. Un invisible bolsillo de Alx nos obsequió el regreso a nuestras casas.

Y así, flacos, ojerosos, cansados y sin ilusiones, y echándole la culpa a la noche, a la playa y a la lluvia, nos alejamos de toda iniquidad. Yo me fui con mi poquita fe y Alx con su hola soledad.

9 comentarios:

Arturo dijo...

De verdad te asaltaron? Dónde? Cuándo?

MujerSalvajenL dijo...

Buena alegorìa a los asaltos que sufrimos al vivir, al exponernos, al ser. Creo que ese vacìo es inevitable. Las emociones no se disocian de los objetos y las personas, van involucradas desde el momento inicial cuando las ideamos y creamos los sentimientos, a voluntad. Tal vez por eso a veces nos cuesta màs o menos convertirlos en sòlo anècdotas en nuestro camino, los que un dìa contamos ya con humor y recuerdos sublimados.

Raulín dijo...

Que bueno que estes bien Kikín... Aunque no se que es mas peligroso, subirse a un taxi de esquina o leer algunos comentarios disforzados.

Anónimo dijo...

DIMELO A MI ...alex

Anónimo dijo...

hazme el chingado favor!

Anónimo dijo...

León! Anoche soñé que tenias dos hermosas hijas, sus nombres eran Esperanza y Libertad! Pero en mi sueño nunca pude ver el rostro de la feliz mamá.

Anónimo dijo...

¿que eres un mal ejemplo? no seas tan duro contigo mismo. Que lindo ver que tus sobrinos te quieran y te admiren tanto como tu a ellos.

Anarela Silvera dijo...

Yo opino... que le debes poner mayúscula a tu L de la "La jaula del león" jajaja, lo siento pero me aloca cada vez que leo tu blog y leo el título... :)

Anónimo dijo...

Solo abre los ojos y cuidate por la cresta...!!