jueves, 17 de julio de 2008

Mi amigo Gianmarco

Conocí a Gianmarco una noche de verano en Barranco. Era el año 1989. Yo apenas había terminado el colegio y él ya tenía 19 años. Y ya cantaba y encantaba, aunque en pequeños lugares donde era fácil contar al público con los dedos de las manos.
Aún eran tiempos de terrorismo y miedos colectivos. La gente caminaba por las calles, iba a fiestas y a conciertos, pero siempre desconfiada y mirando a todos lados como quien se cuida de lo inesperado, de un peligro anunciado. Nadie valía mucho para las bombas de quienes subvertían el orden de una democracia para llegar inválidamente al poder. Ni para los fusiles de aquellos uniformados que te calificaban por el peinado o la ropa que usabas. Salir un viernes o sábado por la noche era como caminar en un callejón oscuro en el que una fatal sorpresa podía llegarte de cualquier modo y lugar.
En ese entonces Gianmarco lucía una cabellera que aun se podía peinar. Era delgado, vital, y siempre pecoso, lunarejo y risueño. Yo tenía el pelo por los hombros y a veces lo recogía en una cola; ya usaba anteojos y no soltaba una casaca de cuero negra que era mi preferida. Él usaba una parecida, igual de vieja que la mía. Casi siempre coincidíamos en usar jean celeste, camiseta blanca y la negra casaca. A veces solo nos diferenciábamos por una bufanda de color chillón o uno de esos collares hechos de grandes semillas o por una gorra, en su caso, o un pañuelo, en el mío.
Recuerdo que una vez nos encontramos en la Av. Pedro de Osma. Yo llevaba la vieja guitarra Falcón de mi padre y él su guitarra tantas veces rasgada. Era un sábado y Gian, como le llamaba, no tenía presentación en ningún local de la zona porque no le tocaba: habían otros cantores con cierta familla que eran los preferidos por haber colocado alguna canción simplona en las radios. Nos sentamos en una banca de la plaza de Barranco y nos pusimos a tocar y cantar melodías ya olvidadas. Nadie nos escuchaba, pero lo hacíamos como si tuviéramos enfrente a un público de 20 mil personas. No nos importaba. Él tenía sus letras y su música y yo mis cancioneros de éxitos de los 80. Una botella de algún licor barato mezclado con jugo de naranja en caja, era nuestro aliciente. Nuestros bolsillos estaban tan vacíos como los mercados, grifos, tiendas y supermercados: eran tiempos de recesión, inflación y de exportación (o fuga) de talentos y de gran producción de monedas sin valor ni razón. Pero, sin duda, una belle epoque por los amigos, la música, la poesía y los sueños de un futuro de revolución pacífica.
Nos veíamos a menudo. Casi siempre en Barranco o Miraflores, aunque alguna vez en Pueblo Libre, donde yo vivía. Alguna vez comió en casa y yo en la suya. Siempre tenía qué contar y lo hacía con tal rapidez que no dejaba entenderse. Pero siempre divertía. Y yo le escuchaba con atención. Me llevaba 4 años y para mí era la voz de la experiencia. Había viajado mucho y hasta vivido solo y ya pensaba en viajar a Santiago para estudiar publicidad. Dedicarnos a la música, creíamos, no bastaba en un país como el Perú. Teníamos la fuerte influencia de nuestras madres que coincidían en ese pensamiento y nos repetían: "toca la guitarra, canta, baila si quieres, pero también estudia, que la música no será suficiente". Con el tiempo ambos les hicimos caso, yo un poco más, él un poco menos, pero, al parecer, ninguno se equivocó.
Han pasado muchos años. A Gianmarco se le han caído casi todos los pelos de la cabeza y los que le quedan se los afeita. Cuestión de look, dice. Ahora luce tatuajes y no es famoso solo por una canción de amor, sino por sus muchos discos, premios, honores, sus tantas letras y melodías inolvidables y requeridas por intérpretes internacionales, y por su sencilla forma de ser y apreciar la vida. Cada vez que lo veo en la televisión o en Internet o en algún periódico o revista, percibo de inmediato que sigue siendo el mismo chico de 19 años que conocí una tarde de verano en Barranco y con el que compartí tantas tardes y noches con la sola compañía de nuestras viejas guitarras.
Hace unos pocos años nos cruzamos en San Isidro y al vernos nos dimos un gran abrazo. Conversamos largo rato en un bar y pudimos comprobar que un amigo es aquel por el que sentimos algún tipo de admiración. Me lo dijo y se lo dije. No paramos de hablar y sonreír y fastidiarnos como cuando éramos chiquillos. Desnudamos sin temor las alegrías y las tristezas las descubrimos sin pudor. Y pude ver que sigue siendo el amo y dueño de sus historias y sus sueños.
Yo lo recuerdo siempre, aunque a veces ande por las nubes. Me sigue llevando 4 años y cada vez me parece más sabio, aunque él diga lo contrario. Pero sé que es feliz, como yo, a pesar de los golpes y las caídas. Y es que, al parecer, ninguno se equivocó.

14 comentarios:

ragga dijo...

ya se siente
el vale todo
de tu blog

Anónimo dijo...

conoces a gianmarco? eres una caja de sorpresas y más viejo de lo que pareces jajajjj
katy

Anónimo dijo...

Gianmarco es un tipo especial, no solo por su gran capacidad en la música sino por su gran corazón, es el padrino de un grupo de niños en Sagrada Familia en Zapallal y se que los ayuda cada vez que puede.

Anónimo dijo...

PERO A QUE GIANMARCO TE REFIERES A TU AMIGO GIANMARCO GARCIA QUE ESTUDIO LA SECUNDARIA CONTIGO EN EL GUADALUPE Y TE LLEVABA 4 AÑOS POR QUE ERA REPITENTE

Anónimo dijo...

Gracias por tenerme en tu blog y si, fueron buenos tiempo, ahora voy a sacar un nuevo material de fusión (bernacular con salsa)tú sabes, es mi fuerte y si, te admiro tanto como tú a mi.
Suerte mi amigo de siempre, mi amigo de barranco,de bancas,de guitarreo.

Habla!!! vas al encuentro de la promo del Guadalupe?

Gianmarco García

a dijo...

"Me sigue llevando 4 anyos y cada vez me parece mas sabio". Dices eso como si hablaras con la esperanza. Hay ciertos tiempos y ciertas edades en las que esas pequenyas diferencias no son nada. Ya eres Sabio Enrique, y tambien creo que no te equivocaste.

Te puedo sembrar en mi memoria
para cosechar una intuicion
puedo hacerte parte de mi historia
deshojar cada detalle
y ponerte cien finales
mientras pienso que paso.

Esta es la cancion de Gianmarco que me gusta hoy.

Anónimo dijo...

mis supersticiones son siempre taan sabias, era que iba a quedar como una burra. bueno... next time i will pay atenttion to them.

ps.(1) queria que me consigas un autografo de el (que me gustan dos de sus canciones)

ps.(2) ojala te hayas indigestado

Frank MiChaell dijo...

Si asi es como lo cuentas pues digno lo que ambos hicieron para ganarse el pan del dia a dia. Cada uno en lo que mas sabe hacer y apostar hasta el ultimo conato de fe para lograr aquello que se ha propuesto. Suerte y nos leemos

Anónimo dijo...

Será Yianarcos Zinganas, el pelao que canta por el Puente de los Suspiros con su guitarra vieja por una propina, ese que también vende caramelos el tigre, Ay kiki como atropellas a la gente no solo con tu carro sino con tu verborrea, ay Domitilo pareces.
YOnathan

Anónimo dijo...

así que amigo de gianmarco, eh
eres un contador admirable
aunque no se si tambien un alucinador fantasioso
ajjaja
en todo caso
eres atrayente y un poco
enviciante

Sandrine dijo...

Kikín, felicidades para vos también... :)


besos

Just dijo...

Muy buen post,

Un abrazo,

Anónimo dijo...

DEFINE SABIO...

ms dijo...

Apreciado qq...nunca dudo de lo que dices aquí; alguna vez oiste al grupo Guardabarranco?. Su musica me gustó mucho en el año 1993...por ahí y sí los conoces...