viernes, 27 de junio de 2008

Sandra

Sandra es poeta. Una viajera incansable y una luchadora. Tiene unos ojos preciosos y una sonrisa que enamora. Es paisana del Che y de Gardel. Ama Buenos Aires pero Cuba es su pasión. Es una revolucionaria. Dice que busca su sitio, pero ignora que lo tiene en los corazones de mucha gente.
No recuerdo el día que la conocí, aunque sí el año y el lugar: 1999, una sala de chat sobre poesía y literatura, en donde la palabra escrita era la efímera bendición.
Nos conocimos personalmente una tarde de verano en un café de Buenos Aires. Aún recuerdo su cabello al viento y sus mejillas sonrojadas, como ella al pequeño lunar que duerme sobre mis labios. Frente a frente ya no éramos más un seudónimo en la pantalla. Habíamos roto la barrera de aquella virtualidad que ilusiona y disfraza.
Nos volvimos a ver luego de varios años en Lima. Era otoño y la casualidad fue la madre de las causas emprendidas. La trova del ambiente nos hizo evocar nuestras primeras marchas en este mundo onírico. Y otra vez su verde mirada y su cabello y sus manos color de la luna y aquella voz de porteña enamorada. Pero el amor, esa palabra.
Sandra es la única persona a la que he visto tres veces en mi vida en tres países diferentes. El próximo lugar al que el destino nos arrastró fue Barcelona. Ella vivía en Murcia y de regreso a América se detuvo en la ciudad donde yo vivía. Caminamos. Cocinamos. Le mostré el Mediterráneo mientras su corazón hablaba; y el mío también, pero este es un corazón coraza.
Sandra es poeta, lo repito. Amante de Cortázar y de Silvio, de Charly y Pessoa, de Chinaski y de Fito. Y es mi amiga. Hace unos días abrió las puertas de su Violeta de Ultratumba y ha recordado algunos momentos compartidos con el enjaulado y con Vallejo. Y se lo agradezco. Porque, como dicen que dijo Borges, de eso está hecha la vida, sólo de momentos.

jueves, 26 de junio de 2008

Y nacer es aquí una fiesta innombrable

Este post lleva el título de un pequeño y hermoso poema que el chileno Gonzalo Rojas le dedica a José Lezama Lima. Y lo cito porque unos editores acaban de gritar una frase muy parecida al verso: ¡Y nacer en un blog aquí en Internet es una fiesta innombrable!
Pues eso, la Ed. EstaNoEsUnaPutaEditorial ya tiene blog: un espacio de los libros que los noeditores han publicado y de las reseñas, comentarios y demás notas que críticos, literatos y medios de comunicación les dedican.
También es una manera de agradecer a los que nos apoyan y de escuchar (leer) a todos aquellos que quieran fastidiarnos, aplaudirnos o enviarnos besitos.
Salud pues por la cigüeña que nos trajo este nuevo blog y bienvenidos sean a la fiesta interminable de EstaNoEsUnaPutaEditorial.

lunes, 23 de junio de 2008

Mi carro: el regreso (II)

Parecía como si el choque se hubiera realizado en algún país escandinavo: un carro del año, una linda mujer, paisaje sanisidrino, una compañía de seguro y una solución ultra civilizada.
No hubo gritos ni arrebatos. Nadie exigió nada ni hubo alguna falta de respeto ni mucho menos un escándalo. Mi explicación de los hechos no fue refutada ni nadie se puso terco o chillón. Es más, hubo un intercambio de sonrisas amables y palabras serenas. No necesitamos la presencia de la policía ni de un especialista en conflictos. Y hasta surgió la figura de una potencial compradora de mi carro: la amiga de mi chocadora.
Me gusta, ¿puedo verlo?, me dijo. Por supuesto, le respondí, y le abrí las puertas y le enseñé los asientos y la maletera mientras me hacía algunas preguntas que yo contestaba con la mirada puesta en otro lado. ¿Cómo se llama tu amiga?, le pregunté a mi posible futura socia. Pregúntaselo, me respondió, disimulando una sonrisa pícara.
¿Y si ella quisiera comprarme?, pensaba. Es decir, imaginaba que mi linda chocadora venía con un cheque en la mano y me decía: Te quiero para mí, te compro. Y yo le respondía: Perdone, pero no estoy en venta… ¡estoy de oferta, regalo y promoción, todo junto para ti, cariño mío! Y así divagaba mentalmente hasta que la voz del tipo del seguro me trajo de vuelta al lugar de los hechos para indicarme qué debía hacer para que arreglen mi carro. Pucha.
Era obvio que aquel estado de contemplación en el que me encontraba en ese momento no era el más indicado para el momento. Me habían chocado. Se nos hacía tarde para llegar al compromiso al cual no dirigíamos. Erika y Soledad esperaban de pie a unos metros al lado de un enorme ciprés, dueñas de unas miradas incrédulas. Tenían caras de pocos amigos. Celos. Sin duda. Omar tomaba fotos: chic-chic, chic-chic. Yo sonreía.
Al darle una chequeadita última a todo mi carro, dándole una vuelta completa, aprovechando además en mostrárselo un poco más a mi posible compradora, pude darme cuenta de un detalle que hasta ahora no comprendo cómo y por qué sucedió: me habían robado el símbolo o emblema o insignia o logo de mi Toyota. Maldita sea. Refunfuñé bajito mientras seguí sonriendo. En su lugar había una mancha sucia de mal aspecto. Ah, sí, se me despegó ayer, le dije a mi acompañante. Pero no te preocupes, lo mando a pegar y ya está. Perfecto, me respondió, entonces nos comunicamos pronto, luego de que arreglen el choque, me dijo. Por supuesto, le respondí, mientras agradecía a San Cipriano El Mago el hecho que no me pidiera que lo encienda porque hubiera escuchado así esos extraños ruidos que últimamente estaba lanzando mi auto.
Nos despedimos con unos apretones de manos, besitos para las chicas y buenos deseos para todos. Intercambiamos mails, teléfonos, tarjetas, blogs y miradas. Mi chocadora subió a su Mitsubishi 4x4, brillante y gigante, y se alejó llevando consigo algunos de mis rasguños en la punta derecha de su camioneta. Su amiga la acompañaba. Yo no pude subir con facilidad a mi Toyota porque la puerta estaba atascada. Metí la panza. Entré. Omar, Erika y Soledad ya estaban con sus cinturones de seguridad puestos. Ahora sí, ¿nos vamos?, les dije. , me dijeron casi al unísono.
A los pocos días tuve una cita: una señora de unos 40 años me llamó por teléfono y me dijo que había entrado a esta jaula y que quería ayudarme a escribir la próxima entrega de esta historia. Me invitó a tomar un café en el Cocodrilo Verde de Miraflores y luego me propuso redactar el post en su depa de El Olivar. Y… lo que sigue es aburrido, puro trabajo y transpiración, así que mejor lo dejo aquí.

sábado, 21 de junio de 2008

Guillén recomienda

Hace unos días el poeta Paul Guillén publicó en su bitácora un artículo titulado: “Nuevos blogs y lecturas recomendadas”. En él menciona a esta jaula y al enjaulao y no tengo nada más que agradecerle.
Sol Negro, el nombre de su blog, además de la revista virtual y la editorial que dirige, es uno de los más visitados y respetados del medio literario e intelectual.
Y fue justamente por eso que me inscribí al Taller de Poesía que viene desarrollando en la librería Época de Miraflores y del cual estoy por demás encantado.
Les recomiendo el artículo y toda la poesía y la poética del Sol Negro de Paul.

viernes, 20 de junio de 2008

anuncio

vean el diario EXPRESO de hoy, pero la edición impresa: david, gabriel, rafael y el enjaulao salen calatos en una gran foto en la sección b, cultural, página 2, junto al horóscopo de pochita.
¡¡¡¡¡¡no lo comprennnnnnnnnn!!!!!!

(y duro con masías y el chemo.)

¡¡¡grande tomacini!!!

Masías, ¿te hacías, no?

¿Te hacías el alcalde correcto que apoyaba a su comunidad haciendo cositas artísticas y con mucho color sobre todo para turistas, no? ¿Te hacías porque igual has plagado las calles de Miraflores con unos guardias que llamas serenos pero que no son nada serenos, no? ¿Te hacías Masías porque igual has demostrado que eres un pobre retrógrado que cree en las diferencias de raza, sexo y condición social, no? ¿Te hacías y no lo niegues porque en realidad eres un racista y un homofóbico, no? ¿Te hacías porque eres un burgomaestre impecable cuando estás frente a cámaras de televisión y rodeado de policías y serenos, no? ¿Te hacías porque eres un cobarde que acusa de ladrones a unos jovencitos en una conferencia de prensa y sin pruebas, no? ¿Te hacías Masías porque sabías que esos muchachos eran unos inocentes deportistas de un color de piel más oscuro que el tuyo y que viven a las afueras de Lima, no? ¿Te hacías porque quién sabe cuántos verdaderos mala gentes trabajan para ti bajo tu protección y sin embargo a estos chicos no les pides perdón, no? ¿Te hacías porque bien sabes que a ti te apesta que gente humilde vaya a pasear por las calles de ese lindo distrito del que lamentablemente eres alcalde, no? ¿Te hacías porque en honor a la verdad no eres más que un bravucón, insolente y altanero que no cree que errar es humano, no? ¿Te hacías Masías porque eres un infrahumano que cree que el trono hace al rey y que el gran poder de una alcaldía es eterno, no? ¿Te hacías sobre todo cuando decías ser un buen vecino en tu campaña y aparecías sonriendo y ayudando a aquellos necesitados que ahora indignas manchando sus honras y las de sus familias, no? Te hacías pues Masías y no lo niegues. No friegues. ¿O será que al fin tienes la fama que tanto querías aun a costa de mostrar tus más apestosas manías?

miércoles, 18 de junio de 2008

Chemo, ya vete

Cierta vez mi amigo Roi me habló de José “Chemo” Del Solar como un buen jugador de fútbol. Me contó que a veces se lo cruzaba cuando el peruano paseaba a su perro por un parque. Mi amigo Roi es de la bella ciudad de Vigo, Galicia. El Chemo jugaba para el Celta de Vigo.
Recordé esta anécdota porque hoy he pensado mucho en el actual seleccionador del equipo peruano. He pensado en los 25 mil dólares que gana mensualmente y en el resultado de los 4 últimos partidos en los que ha demostrado toda su sapiencia táctica de estratega futbolístico: perdimos 1-2 con España y 0-2 con México; empatamos a 1 con Ecuador; y, ayer, en Uruguay, nos metieron 6 goles con mucho oles.
Y seguramente habrá más de un responsable de la actual catástrofe futbolística peruana. Sin duda. Dirigentes y jugadores, entre ellos. Pero los más sociológicos, analíticos y grandilocuentes dirán que el fútbol es el reflejo de una sociedad, de un pueblo, de un país y, como el Perú nunca ha ganado nada, ahí el resultado. Yo no lo creo. A mí ellos no me representan ni son mi reflejo. No me creo un ganador, pero tampoco un estúpido.
Otros dirán que el responsable mayor es Del Solar. Y con justa razón. ¿Serán esos futbolistas, a su juicio, lo mejor que tiene este país? ¿Será que no sabe el significado de la palabra “selección”?
No veo jugar al equipo de fútbol peruano en un mundial desde España 82. Y ya pasaron 6. Cuando lo recuerdo me parece un sueño. Pero es una realidad. Como lo es el hecho de que cada vez nos alejamos más de Sudáfrica 2010.
Por eso y por mucho más, a lo Julio Iglesias, ya vete Chemo.

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martes, 17 de junio de 2008

Borges y un diálogo de aficionados

- ¿Sabes quién fue Borges?
- ¿En qué equipo jugó?
- No seas cojudo, hombre. Borges fue un famoso escritor argentino al que no le gustaba el fútbol.
- ¿Sí? ¿Y cómo sabes?
- Lo leí el otro día en una revista que me trajo mi sobrino.
- ¿Cuál?
- Gustavo.
- Tu sobrino no, huevón, cuál revista, digo.
- Ah, no me acuerdo; pero el artículo decía que el argentino dijo que el fútbol es una estupidez popular.
- Pues entonces ese tal Borges era el cojudo.
- No, nada que ver. Lo que pasa es que, seguramente, no sabía jugarlo, como tampoco sabía bailar tango; pero escribía bien difícil y bonito.
- ¿Era argentino y no bailaba tango?
- ¿Y acaso tú sabes bailar marinera?
- No, pero...
- Pero nada. Lo que yo te quería contar era que yo encuentro relación entre su aborrecimiento al fútbol y su condena al tango.
- ¿Ah, sí?
- Sí, mira. Él decía que el tango era un baile infame y que en Brasil le dicen “el lamento de los cornudos”.
- ¿Y eso qué tiene que ver con el fútbol?
- Que en todo partido siempre hay un infame que hace una finta y baila con la pelota y faulea sin asco a otro jugador.
- Ah... ¿Y lo de los cornudos?
- Pues que en 90 minutos ves cómo 22 cojudos corren tras un balón para patearlo como si él fuera el huevón que les mira las tetas a sus mujeres.
- Ese Borges era un genio, eh... ¿Seguro que no jugó al fútbol?
- Sí, seguro. Aunque dicen que sus libros son goles de media cancha con barrera incluida.
- Ah, ya...

lunes, 16 de junio de 2008

Nuestra Señora de los Gays

Hoy les pego unos extractos de la ultra irónica columna de opinión "Cuba y 'Nuestra Señora de los Gays'" que leí hoy en el diario El Comercio. El autor es el periodista cubano Carlos Alberto Montaner.

Cuba es el único país del mundo en el que es más fácil cambiar de sexo que de partido político. Si usted es un señor inconforme con sus atributos masculinos, o usted es una señora que sueña con afeitarse todos los días, el comprensivo Estado Cubano le soluciona quirúrgicamente sus deseos y paga con gusto el enorme costo de esas complejas operaciones.
Ahora bien, si lo que usted quiere es abandonar el Partido Comunista e integrarse en una formación socialdemócrata o liberal, el Gobierno lo expulsa de su trabajo, le envía turbas a la casa para que le peguen y lo humillen, lo acusa de ser agente de la CIA y lo condena a largas penas de cautiverio en unas cárceles horribles.
La persona que ha hecho posible que algunos homosexuales y lesbianas cambien voluntariamente de sexo (por lo menos en el aspecto exterior) es Mariela Castro, una risueña sexóloga, hija de Raúl Castro, a quien hoy los cubanos, con cierta simpatía, llaman "Nuestra Señora de los Gays". Dada la especialidad universitaria que escogió, no hay duda de que se trata de una mujer con cierta amplitud de mente, persuadida de que es moralmente injustificable castigar a las personas por ser o sentirse diferentes. En su gabinete profesional, seguramente cayó en la cuenta de que la naturaleza tiende a la variedad y no a la uniformidad, porque, como afirma el viejo dictum popular, "hay tantos sexos como seres humanos".
Mariela Castro, felizmente, convenció a su padre de que había un puñado de cubanos, hembras y varones, que querían cambiar de sexo para tratar de ser felices. ¿Podrá convencerlo de que hay otros millones que para también ser felices desean elegir los libros que les apetece leer, las ideas que les parecen más razonables, los partidos políticos que mejor se adaptan a sus valores e intereses, los países a los que quisieran visitar, o el tipo de régimen político y económico que los saque de la miseria en la que viven? Los cubanos, en fin, ya pueden amputarse o instalarse un pene. ¿Podrán votar libremente alguna vez?

sábado, 14 de junio de 2008

Hoy seré tu gato. Miau

Estúpido. ¿Crees que porque me das de comer cosas caras, me llevas al veterinario puntualmente, me acomodas y me sacudes la cama, me bañas sólo cuando tu olfato te dice que te huelo a perro muerto o, sencillamente, porque me rascas en la panza o detrás de la oreja, debo hacerte caso cuando me llamas por ese nombre que tú me pusiste porque a ti te gustó? Vete al diablo. Soy gato. Mírame. Miau. Y si no fuera porque me castraste y porque cada día me cuesta más saltar como antes, por haber dejado de practicar desde que vivo en tu departamentito, ya me hubiera largado de aquí. Pero si pudiera tampoco tendría tanto éxito. Me has puesto un chip en el cuello que no me deja acicalarme con comodidad y que odio tanto. Qué moderno. Qué primer mundo. Miau. Por qué crees que te araño y te dejo marcas en las manos y brazos cada vez que puedo. Detesto estar cerrado. Detesto pasearme mil veces al día por el mismo lugar y solo ver la calle por la ventana o el balcón. Crees que te espero con ansias cada día. Crees que me conoces. ¿Acaso sabes que envidio a esos techeros del barrio? Soy un gato. Mírame. No soy tu amigo ni tu conviviente ni tu compañero ni tu amante. Vete al diablo. Que te malogro el sofá, que te arruino la cortina y la alfombra y el cojín y tu chaqueta de lana fina. Que me echo donde me da la gana hacerlo. Tu cama, la sala, el comedor. Tu baño apesta. No soy perro para que me saques a pasear con correa. Odio las cucarachas de tu cocina y juego con los ratones. Tu casa huele a mí porque ya la hice mía. Es mi cárcel amoblada desde que fui tu juguete de peluche cuando tenía un mes. Lo recuerdo. Miau. El Gato con botas, Don Gato, Azrael, Silvestre y Tom. El gato negro de Poe, la gata sobre el tejado y el gato que está triste y azul. Garfield. Gatúbela. Qué rara la vida mía. ¿Y así crees que quisiera seis más? Déjame dormir.

jueves, 12 de junio de 2008

Mujeres

Esta bella pintura le pertenece al colombiano Fernando Botero (1932). Se llama Cuatro mujeres y es un óleo sobre tela de 1987. Y me encanta, me fascina, me embriaga e hipnotiza. ¿Por qué será?

Dos meses

Ayer 11 de junio este blog cumplió 2 meses. Durante todo este tiempo he publicado 57 post, casi 1 por día. El contador de visitas que instalé ha registrado 4815 enjaulados. Y no sé si sea ni mucho ni poco ni para comerse el coco, pero creo que está bien. Estoy contento.
Y como también tengo algunas barras de publicidad en la parte inferior derecha de la página, Google AdSense (la empresa a la que estoy afiliado) ha sumado lo que me tiene que pagar por todos los clic (94) que se hicieron en sus anuncios en todo este periodo. El total suma $ 3.05 (tres dólares con cinco centavos). Pero sólo me enviarán el cheque a casa cuando el monto ascienda a $ 100.00 (cien dólares). Es decir, según mis cálculos, en 66 meses. O en 5 años y medio. O sea, a este paso, cuando tenga, aproximadamente, unas 160 mil visitas y unos 3100 clic en avisos.
¿Cómo lo ven? Pues así son las cosas en este mundillo. Y con esto no le estoy pidiendo a nadie que de vez en cuando haga algún clic por ahí, aunque sea por curiosidad. No, no, no. Nada de eso. Sólo que, por momentos, me pongo nostálgico y quisiera que Tula y Tongo me visiten más seguido.

martes, 10 de junio de 2008

Mi carro: el regreso

Anoche me chocaron, pero fue un choque bonito.
Iba por San Isidro con Erika, Soledad y Omar, en dirección al velorio de Coco Salazar en Miraflores. De pronto, una camioneta Mitsubishi 4x4, nueva, brillante y gigante, embistió mi carro por el lado derecho y voló el espejo, hundió la puerta y aplastó el guardafango (que hasta anoche descubrí cuál era). Luego de los gritos de ley nos quedamos mudos. Miré a la 4x4 sin poder distinguir al chofer porque tenía las manos sobre el rostro. Me hizo una señal para estacionarnos un poco más allá del ovalo que estábamos cruzando. Me estacioné. Quise bajar pero la puerta estaba atascada. Me enojé. La logré abrir y corrí a salvar el espejo original de mi Toyota que estaba tirado en la pista a punto de ser aplastado. Lo llevé en mi carro y me dirigí hacia la camioneta que se había estacionado sobre la izquierda, enfrente mío. Me acerqué. La luna se bajó y pude ver que ese choque era encantador. Era una guapa mujer de unos 40 años que me saludó y me dijo que no me preocupara. Y hablaba por teléfono. Perdone, le dije, supongo que acaba de llamar a la policía. No, me respondió. He llamado a los del seguro y estarán aquí en 20 minutos. ¿Usted tiene seguro?, me preguntó. Por supuesto, le dije, el SOAT (el obligatorio por ley y que te cubre solo si mueres). Ah, no, yo me refería a Rímac, por ejemplo, que es el que vendrá en un momento. Ah, no, no, le respondí. Y entonces pude ver que era linda, delicada y sexy. Cuando Omar le señaló que era ella la que había chocado porque había invadido nuestro carril y que no respetó mi luz izquierda de peligro y que ni siquiera frenó cuando me chocaba, yo quería que se calle. Que se calle Omar. Sólo quería escucharle a ella, a su dulce voz que me agradeció por haberle dicho que no tenía ningún problema en esperar y que dijo que no dudaba en absoluto que alguno tuviera alcohol en las venas. No se bajaba siquiera del carro. Y me gustó que no lo hiciera. Se veía tan bien en ese coche del año... Elegante y asustada, simpática e indefensa. Hasta sentí que me decía algo así como: Te he chocado porque quiero que me veas, Enrique. Despierta. Soy yo. Vas a un velorio pero tú pareces el difunto. Muévete, haz algo, no te quedes allí parado. Abre tus alas. Sé tú y vuela, Enrique. Vuela. Y llévame contigo.
Casi me muero. Esta hermosa mujer que chocó mi carro ahora chocaba mis sentimientos. Qué pasa carajo, me dije a mí mismo. Nada, me respondí. Y me dispuse a esperar mientras Omar llamaba a unos amigos para que nos asesoraran sobre el tema de los seguros: era la primera vez que me chocaba una camioneta con uno. Chócame otra vez, quería decirle a esta conductora guapa, amable y angelical. Y que no venga nadie y que nos tomen los exámenes etílicos juntos y luego mandemos a todos al diablo y escapémonos a tomar algo etílico. En su 4x4 o en mi Toyota. No importaba dónde. Sólo los dos. Pero llegó el perito del seguro. Qué inoportuno es este compadre, pensé. Qué huevón. Me hizo unas preguntas, tomó fotografías y otras preguntas. Luego habló con la señora, que ya estaba junto a mi carro, de pie, tierna y espigada, junto a una simpática mujer que había llegado en su auxilio. Me dijeron que me pagaban la compostura, planchado y pintado, y que mejor dejemos todo allí para no perder el tiempo con trámites burocráticos con la policía. Cómo no, le respondí. Si vamos a la policía nos sacarán la propina para su cena y combustible y hasta nos pedirán "alguito"para el papel que usarán en sus máquinas de esribir Olivetti, les dije. Además yo tenía un compromiso y no quería pasar tres horas en una comisaría para, al final, llegar a una verdad por todos sabida: que nadie estaba ebrio, que ella me chocó y lo aceptaba y que yo no reclamaba nada más que la arreglada de mi carro. Y en eso quedamos.

lunes, 9 de junio de 2008

Quisimos tanto a Jorge

Anoche murió Jorge Salazar. Lo quise y admiré desde aquella mañana de hace varios años en que entró al salón de clase de la facultad y empezó a conocer a sus estudiantes por los libros que leían o habían leído. Lo quise y luego trabajé bajo su guía en un espacio en el que las ideas, la cultura, el conocimiento y la amistad fueron el diario alimento. Por él ocurrió el milagro del amor y la amistad. Lo quise y se lo dije hace unos meses cuando fui a verlo en el homenaje que le hicieron en una feria libresca en Miraflores y al que asistieron algunos de sus amigos. A veces la enfermedad y la vejez son sinónimos de abandono y olvido. Lo quise y admiré como periodista, escritor, profesor, conversador y elegante bailaor. Le encantaba que le visiten para compartir su pan y su vino y hablar de libros y de fútbol, política, crímenes, cocina, historia. Y de poesía. Lo quise y siempre le estuve agradecido por abrirme los ojos en un tiempo en que la mayoría prefería la comodidad de una venda. Por él soy algo si es que algo soy. Gracias Coco, en nombre de tantos que te quisimos tanto.

Melancolía
El sol apenas entra en casa –escribo
sobre la huidiza
luz de arena,
luz que no encuentra morada.
Todo me duele en este día
en que los muertos dejan a la puerta
de los vivos
la corrosiva melancolía.

Eugénio de Andrade (1923 – 2005)

Mi amor

En otro cuerpo va mi amor por esta calle,
siento sus pasos debajo de la lluvia,
caminando, soñando, como en mí hace ya tiempo...
Hay ecos de mi voz en sus susurros,
puedo reconocerlos.
Tiene ahora una edad que era la mía,
una lámpara que siempre se enciende al encontrarnos.
Mi amor que se embellece con el mal de las horas,
mi amor en la terraza de un café
con un hibisco blanco entre las manos,
vestida a la usanza del nuevo milenio.
Mi amor que seguirá cuando me vaya,
con otra risa y otros ojos,
como una llama que dio un salto entre dos velas
y se quedó alumbrando el azul de la tierra.

Eugenio Montejo
(Caracas, 18 de noviembre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008).

viernes, 6 de junio de 2008

Perú, mucho gusto

Cuando viví en Barcelona conocí a gente maravillosa, entrañable, fraternal y verdadera. Esa fue mi suerte, si es que esta existe. Recuerdo que a veces no podía creer que estando fuera de mi país me sintiera como en casa. Tuve amigos de diversas nacionalidades, pero los más queridos, con los perdones necesarios, fueron los catalanes. Y junto a ellos los gallegos, andaluces, argentinos, mexicanos, panameños, polacos y chilenos. Cada quien con su cultura e idiosincrasia en una ciudad mundo que te abría los brazos y te juntaba con gringos, japoneses e ingleses cuando caminabas por las Ramblas o cuando disfrutabas del Mediterráneo.
Y fue para ellos, mis amigos, esas personas tan importantes en la vida de uno, que algunas veces preparé ciertas recetas peruanas que hasta hoy recuerdan sus paladares. Y no porque sea buen cocinero, sino porque esos platos son realmente fantásticos y porque fueron hechos con mucho gusto. Ceviche, ají de gallina, papa a la huancaína, causa rellena, lomo saltado, arroz chaufa, mazamorra morada, budines, flanes, entre otros, fueron mis humildes aportes culinarios para unas mesas cosmopolitas.
Y recordé esto porque acabo de leer dos cosas que me llenan de mucho gusto:

  • Vía diario El Comercio: Santiago de Chile.- La gastronomía peruana ya se apoderó de los paladares sureños. Astrid & Gastón, del chef peruano Gastón Acurio, fue elegido el mejor restaurante de Chile y lidera la lista de la "Guía Culinary 2008", presentada anoche en Santiago. La variedad y elegancia de su carta, que además conserva la sazón auténtica de la cocina peruana, fue un factor importantísimo en esta designación. Con mucho gusto.
    Para dejar en claro su hegemonía, Astrid & Gastón también se impuso en el rubro Mejores Postres. Según la "Guía Culinary 2008", es el creador de las mejores cartas de restaurante del país.
    La tendencia de Gastón es que la misma carta que ofrece en Santiago también está en sus restaurantes de España, Ecuador, Colombia, Venezuela y Panamá. Próximamente abrirán otro en México.
  • Vía la web Perú, mucho gusto: Cocinar bien y entender de buen comer es tal vez la costumbre más extendida entre los peruanos. Comemos de todo y en todas las ocasiones. Cuando nacen nuevos, cuando mueren viejos, cuando los niños se hacen adultos, cuando queremos decir la verdad o alguna que otra mentira, para seducir, convencer o amar. Testigo sin omisión, una mesa bien servida.
    Cuando oiga decir a un peruano que la nuestra es la mejor cocina, recuerde siempre que este nada ingenuo atrevimiento nos lo da el pensar que si de sexto sentido se trata, los peruanos tenemos dos veces el del gusto.
    Nuestra identidad se forja en la cocina: somos exigentes comensales y, muchos, mágicos cocineros. Nuestra capacidad de integrarnos la expresamos comiendo chifa, nombre propio de la cocina china en el Perú. Interminables y coloridos banquetes que exigen silencio y disciplina bocado tras bocado nos permiten valorar lo que de verdad significa diversidad.

¡Perú, mucho gusto!

jueves, 5 de junio de 2008

Publicidad: 2+ en librerías

Ya está a la venta el libro
2+ No antología No contemporánea
de los poetas amigos

Lo pueden encontrar en las siguientes librerías:
Commentarios (Jr. Ica 144, Lima)
El Virrey (Ca. Miguel Dasso 147, San Isidro)
Contracultura (Av. Larco 986, Miraflores)

Pero si quieren ahorrarse el 35% del costo en tiendas y pagar tan solo S/. 15.00 (5.3 dólares; 3.75 euros), pueden hacer su pedido a este mail: noputaeditorial@gmail.com. Unas chicas lindas y unos guapos jóvenes les entregarán el libro personalmente, sin recargo alguno. Si viven en provincia o el extranjero, igual escriban que igual viajamos.

En este link pueden conocer más acerca de la Ed. EstaNoEsUnaPutaEditorial.

Participan en esta antología:

+ harold alva + gabriel bolívar + andrea cabel + david collazos + roxana crisólogo + manuel fernández + miguel fuentes + rafael garcía godos + ericka ghersi + willy gómez + héctor hernández + giancarlo huapaya + miguel ildefonso + josefina jiménez + diego lazarte + enrique león + carlos lópez degregori + gonzalo málaga + miguel malpartida + vanessa martínez + josé pancorvo + josé ruiz-rosas + salomón valderrama + stanley vega +

miércoles, 4 de junio de 2008

La carta de Gioia (II)

(Este post es la continuación del anterior.)

Ayer tuve visita. Hace mucho que no la tenía, salvo las del panadero por las mañanas y las de Martita, una joven que dice no descansará hasta tenerme en su templo cristiano escuchando a su pastor. Bien sabes que a duras penas soporto al padre Felipe algunos domingos. Martita viene los martes y me entretengo oyéndola hablar y hablar sobre la salvación eterna. Otra vez me fui por las ramas –debes estar tronando. Te decía que recibí visita: tu tío Polo recordó que tiene una hermana mayor que aún vive y que alguna vez le cambió los pañales mientras su madre trabajaba. Con el correr de los años, hija, una comprende plenamente el profundo significado y la verdadera dimensión de palabras como olvido, soledad y tristeza.
Hoy también saqué los siete álbumes de fotos del armario. Y otra vez me sumergí en el pasado. En nuestro pasado. Aún los jóvenes como tú y tus amigos y los viejos como yo vivimos de él, aunque pregonemos lo contrario. En el fondo todos sabemos que un hombre sin pasado es un hombre sin vida. Nuevamente las inoportunas ramas. Me conoces querida, es algo inevitable ya. Te decía que revisaba los álbumes de la familia: cientos de fotos, cada una con un tiempo y una historia propia, cada una con un instante preso en la eternidad. Hallé las fotos del día en que llegaste a esta casa, en el 75, tres días después de nacida, en pleno invierno. También las de tus primeros pasos de la mano de papá, y las de tus cumpleaños. Qué blanca y qué gordita eras hijita. Cuánto habrás cambiado. Tu tía abuela Lucia, que en paz descanse, decía que eras idéntica a su madre, de la que me contaron que cierta vez se fugó con otro hombre al poco tiempo de nacida tu abuela. Me parece oírte: ¿Hasta cuándo serás tan chismosa? –me decías cada vez que compartía contigo algún secreto familiar o sencillamente cuando preguntaba a dónde ibas por las noches. Estoy segura que sigues pensando igual de mí.
He comprobado, hija, que al llegar a cierta edad aquellas imágenes de la infancia que por años estuvieron escondidas en los laberintos de la memoria, saltan con suma facilidad sobre el presente. Digo esto porque en estos últimos meses mi lejana infancia no deja de visitarme durante mi largo día. Y aunque me acompaña y me abraza tiernamente, muchas veces la soledad se encarga de despertarme y recordarme que me tiene entre sus brazos.
Hace un tiempo leí a un psicólogo en un diario que decía que hay que reírnos de las cosas tristes. Lo intenté. Lo intento cada día, cada hora, pero me es imposible. Sin embargo, recuerdo cuando lloraba de pura contenta cada vez que me decías te quiero, cuando eras pequeña. Qué ironía, ¿verdad?, extraño esas lágrimas.
Nunca antes te escribí algo, hija. Y no sé si estas líneas serán las primeras de otras que vendrán o las últimas de tantas que jamás fueron escritas. La certeza de un por qué lo estoy haciendo no existe. Pero creo que es un impulso inconsciente. Totalmente. Me pregunto si la presencia de la muerte en mis últimos pensamientos tendrá algo que ver en ello. Tal vez. Es que, aunque suene reiterativo, el peso de los años sobre la espalda hace que día a día nos acerquemos más hacia la tierra y que aceptemos, serenamente, el hecho de haberla tenido a nuestro lado, desde el día en que nacimos.
Querida mía, durante mucho tiempo tu habitación recibió mis lágrimas; y los pasillos vacíos de esta casa vacía y la cocina, los muebles, mi almohada, mi habitación. Todos tuvieron su turno. Hoy no fue la excepción. Todo fue igual que ayer también, salvo por un pequeño detalle: hoy, aparte de los muebles, la cocina, tu habitación, hubo algo más que acogió mi húmedo recuerdo con dulzura. Si alguna vez tienes esta pequeña carta entre tus manos, hija, tendrás contigo ese algo que las abrazó hoy.
Un beso, pequeña.

martes, 3 de junio de 2008

La carta de Gioia

He recibido un mail de una tal Gioia. (Sé que el nombre significa “alegría” porque tuve una amiga italiana llamada así.) Me dice cosas simpáticas acerca de mi blog y me pide que le publique una carta. No sé quién es Gioia ni de dónde es ni si es hombre o mujer o si existe realmente o es una fantasía de alguna mente extraña. No sé. Y tampoco quiero saberlo. Pero igual publicaré su escrito por razones que prefiero dejar en reserva. Aquí está la primera de dos partes:

Querida mía:
Como todos los días hoy me siento sobre tu cama y miro una vez más tus paredes repletas de fotos y afiches. Recuerdo que te encantaba comprarlos nuevos para cortarlos y recién pegarlos sobre otros. Está de moda –decías. Algo parecido le sucedía a los pantalones que te comprabas. Los traías del centro comercial e iniciabas la transformación: un hueco en la pierna derecha, varios cortes en la izquierda y flecos para arriba y para abajo. Cómo discutíamos luego, ¿verdad pequeña? Perdona lo de pequeña, olvidé que detestabas que te llamara así.
Hoy, no sé porqué, no me acerco a tus muñecas. Tal vez sea mi inconsciente autodefensa del que tanto renegabas cuando te encontrabas triste y yo sólo decía que descanses. Sí, tal vez sea ello. Quizás evitaba el sufrimiento y huía del abrazo de la tristeza. Sin embargo, desde el día en que volaste a otros cielos, aunque te parezca extraño, hija, no hay un sólo día en que mi rostro no quede húmedo luego de recordarte. Sé que ellas, tus muñecas, te extrañan tanto como yo y como tu padre, aunque él, seguramente, debe estar a tu lado. Tal vez recuerdes sus últimas palabras: “Jamás me separaré de ti, preciosa” –te dijo. Tú sólo te arrojaste a su cuello y te sujetaste de él sin parar de llorar. Apenas bordeabas los siete años y ya la muerte te había golpeado. ¿Recuerdas su sonrisa? No creo que la hayas olvidado. Ni a su ralo bigote ni a sus grandes manos con las que solía sujetarte para jugar al avión o, sencillamente, para acercarte a sus labios y cubrirte de besos. Cuánto te amaba.
También hoy corté flores del jardín para el jarrón azul de tu velador. Claveles rojos, como siempre. Este día he pasado más horas en tu habitación que en la cocina. ¿Recuerdas cómo te enojaba verme con el delantal puesto, picando tomates o lavando verduras? Te morías de rabia y me decías gritando que las mamás de tus amigas no son unas amas de casa como yo. No sabes cómo rogaba y luchaba por no llorar: no quería que te sintieras mal por mis lágrimas; pero cómo sufría.
Pero hoy no quiero recordarte gritando o despreciándome. Hoy deseo estar contigo en tu habitación, en tu cama acariciando tu almohada, riendo con tus paredes y besando tus muñecas, porque hoy, hija, cumplo otro año más de vida. Seguramente lo olvidaste como los últimos dos años y tampoco llamarás ni mucho menos escribirás porque tal vez tengas asuntos más importantes que ocupen todo tu tiempo. Además, por qué tendrías que acordarte de una vieja que vive al otro lado del océano, a la que siempre rechazaste por haberte traído a este mundo lleno de males, horrible, como le llamabas.

lunes, 2 de junio de 2008