jueves, 12 de febrero de 2009

Cortázar

Conocí a Julio una mañana de verano de 1984. Nunca antes lo había visto ni sabía mucho de él, salvo por un raro libro que llevaba el dibujo de un juego de niños en su portada y que había visto en la biblioteca de mi casa.
Esa mañana supe que rayuela era aquel juego que mis amigos y hermanos conocíamos como ‘mundo’. Supe también que era el nombre de una famosa novela que un argentino había escrito hacía algunos años y que yo recién conocía: su nombre y su foto asomaban en la nota de un diario que informaba de su muerte.
Al pasar de los años comprendí la magnitud de aquel descubrimiento infantil. Rayuela (1963) se convirtió en un libro fundamental en mi vida. (Por mucho tiempo, y de tiempo en tiempo, fue el de cabecera.) Y Julio, su autor, en uno de los escritores más queridos, admirados y entrañables.
Visité a Cortázar en el Montparnasse el 2006, a veintidós años de haberlo conocido y a veintidós también de su muerte. Su blanca tumba compartida con Carol Dunlop, su última esposa, tiene en su cabecera la escultura de un cronopio, personaje cortaziano que junto a los famas y las esperanzas integran el mundo.
Nunca olvidaré esa tarde fría y lluviosa de marzo en París en que también estuve con Vallejo. Ni a la rosa roja que yacía recostada y marchita sobre su lápida. Ni al ramo de flores amarillas, ni a la rosa blanca embolsada, ni a la de plástico. Tampoco a las piedritas, papelitos, ganchitos, boletos del metro, monedas, ni a una fresca notita anónima que brotaba de entre todo diciendo: “Por esa sensación tan café con leche. 8/3/06”.

Cortázar es del mundo (rayuela), pero también de los argentinos. El 99 en Buenos Aires parecía que todos decían: “Queremos tanto a Julio”. Y la Maga (Paula) me dio a Borges; el Sr. Olvido (Omar), una pieza de teatro; Sandra, sus verdes ojos; Víctor Hugo, mi hermano, al Martín Fierro; Martha, otras puertas; y Tila, el encanto del secreto. Como ellos yo creo que la lindeza, los enigmas y los júbilos de este mundo están en Rayuela. Y que Julio vive dentro.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué lindo lo que escribiste. Julio llegó a mi vida, paradójicamente, tras su muerte. Fue cuando comencé a leerlo, a quererlo y a sentir su ausencia. Hay una hermosa película de Tristán Bauer que lo acerca tanto, como un amigo al que uno ve después de mucho tiempo y no quiere que se vuelva a ir.

...x... dijo...

Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Cortázar y muchos lo recordamos. Pero pocos transmitimos lo que tú en este texto.
Eres una especie de caja de Pandora.

Raulín dijo...

Buena Kikín, cuando escribes sobre lo que conoces o has vivido eres mas que entretenido.

kara::kara dijo...

saltar hasta abandonar la tierra

Anónimo dijo...

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

nipapelniboli dijo...

Fantástico, sabor café con leche

Pikazzo dijo...

Tratare de subir la música q Cortazar utiliza en este libro (en cuanto sepa como).

rayuelo dijo...

Gracias por tu comentario en mi blog, amigo. Hoy compartimos el recuerdo de 25 años sin Julio. El justo murió un año antes que yo naciera. Tengo que ir a Montparnasse. Tengo que ir a Montparnasse. Tengo que ir a Montparnasse.

Con tu permiso:

http://eljuiciodeparis.wordpress.com/

Mujersalvaje dijo...

...linda entrada.

Sandrine dijo...

Voy a llorar, queremos tanto a Julio...

*Gregorovius le acarició el pelo, y la Maga agachó la cabeza. "Ya está", pensó Oliveira, renunciando a seguir los juegos de Dizzy Gillespie sin red en el trapecio más alto, "ya está, tenía que ser. Anda loco por esa mujer, y se lo dice así, con los diez dedos".* (Rayuela - Cap. 12)