miércoles, 7 de mayo de 2008

Mi carro - Parte IV

Esa mañana mi horóscopo me había dicho que algo llegaría a mi camino; pero hasta el momento en que Pariacota ofreció pagar el precio de mi carro con especies, solo me habían llegado, y juntos, el recibo de dos tarjetas y el del teléfono. ¿Serán las especies ese algo?, me preguntaba.
Le dije a Pariacota que tenía que hacer unas llamadas y caminé unos metros hacia la puerta lateral de Bembos, para tener privacidad. Llamé a Rafael y a Omar y les pedí que me acompañaran. Lo mismo les pedí a Humberto y Arturo. Y también llamé a David y Gabriel. Puede parecer exagerado que haya convocado a tanta gente, pero en realidad pensé minuciosamente en cada uno de ellos y en la tarea específica que podían realizar para ayudarme. Con estas cosas no hay que jugar, pensaba. A Arturo nadie le tima ni le da gato por liebre. Humberto intimida con su look y camioneta de policía. Rafael en traje podría pasar como abogado de causas justas. Omar sabría ser la fuerza bruta en caso de necesitarla. Y David y Gabriel podrían gritar ante cualquier emergencia. Y así, luego de citarlos a todos en la notaría Landázury de la Av. La Marina, les pedí a Pariacota y a su acompañante que subieran a mi carro para irnos inmediatamente.
¿Alguna vez has coimeado? –me preguntó, de improviso y directamente, el adjunto de mi comprador que Pariacota presentó como su primo. No –le dije, al tiempo que especulé sobre el por qué de su pregunta. ¿Y tú? –pregunté. Muchas veces –me respondió. ¿Pero de verdad nunca, nunca? –me volvió a preguntar. Bueno, anteayer me pasó algo parecido por primera vez –le respondí. A ver cuéntanos –me dijo, mientras se acomodaba en el asiento trasero.
La verdad es que nunca me habían coimeado y nunca había coimeado a nadie hasta dos días antes. Y no hablé ni quería hablar de ello porque aún me sentía el cerdo miserable que creí ser cuando lo hacía; pero en ese momento el primo de mi futuro cliente me persuadió sin mucho esfuerzo. En fin, pensé. Y le conté.
Ya en otras ocasiones me había negado a coimear a algún infeliz, pero esta vez ya no quería causar más problemas y preocupaciones y hacerles perder el tiempo ni a mi familia ni a mis amigos. El dinero me daba igual. No lo tenía, pero me daba igual. ¡Maricones de mierda, cabrones, rateros uniformados, ojalá se choquen y se rompan las clavículas! –dije exaltado, luego de alejarnos de aquella esquina de la Av. Pezet, en San Isidro, en que tres policías nos pidieron prestados 70 soles que al final se rebajaron a 50. Eran las 2 a.m. y enrumbábamos a Miraflores. ¡Pero es que no es verdad, ni estoy borracho ni he cometido ninguna falta ni nada parecido! –le dije a Rafael. Sí pues, pero si ellos dicen que lo estás, lo estás, y no hay otra opción, me respondió. Y si vamos a la comisaría, o protestamos o discutimos, se quejarán y dirán que les hemos faltado el respeto y nos acusarán de otras cosas más, y lo peor es que les creerán a ellos porque representan a la autoridad –siguió diciendo un Rafael también fastidiado, aunque con un ligero aire de emoción: él tampoco había transado nunca con alguien y menos con un policía. ¡Guau, hemos coimeado a unos tombooooossss! –me dijo con una sonrisa a medias, mientras yo aceleraba con más fuerza.

4 comentarios:

joan dijo...

tio, joder, vendiste tu carro si o nooooooooooooooooooooooo?????????????????????

Anónimo dijo...

ya pues d una vez quiero saber en que concluye la historia!!!!!! me desespero!!!

Anónimo dijo...

¡No acabes!!!...sigue, sigue, sigue.

Anónimo dijo...

pucha ese post
no tiene rumbo
como cuando vamos
contigo y tu manejas
jejeje

a ver ya pues
luego pon que nos llevaron
al bosque de piedras alla
arriba donde Kabriel lleva
a sus alumn@s para tomar fotos
...a marcahuasi

y que ahi vimos ovnis
con marcianitos que quieren
comprar tu sedan cuatro puertas
y tres luces...

raggs